Albanys Montilla, militante de la Unión Comunera y viceministra de Comunas y Movimientos Sociales del Gobierno venezolano, participa hoy en Astigarraga en el II Encuentro de Solidaridad Euskal Herria-Venezuela, organizado por Elkartasun Keinua. En entrevista con GARA, analiza la situación generada tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro.
Ainara Lertxundi | GARA
De la mano de la iniciativa Elkartasun Keinua Venezuelari, la responsable de Comunas y Movimientos Sociales del Gobierno venezolano, Albanys Montilla, analizará hoy en Astigarraga la coyuntura actual en el país tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa y diputada, Cilia Flores, el 3 de enero. Previamente, el jueves, participó en la presentación del libro de autoría colectiva “Venezuela, del bloqueo al asalto” (Txalaparta).
¿Qué balance hace de todo lo ocurrido desde el 3 de enero?
El secuestro del presidente, Nicolás Maduro, y la diputada Cilia Flores es una demostración de que el imperio y el fascismo no tienen límites, y de que ese carácter de policía del mundo busca administrar cualquier proyecto o modelo político que se oponga a sus intereses. Estos episodios nos sitúan en una realidad sumamente compleja. Pero no hay punto de inflexión cuando intentas construir una alternativa. Uno de los mayores errores del imperialismo norteamericano es creer que los procesos se concentran en los individuos. Cuando murió Hugo Chávez, el proyecto revolucionario no cayó, tampoco cuando se llevaron a Nicolás Maduro. Con Delcy Rodríguez se mantiene la agenda del pueblo. Mientras exista un pueblo claro políticamente y convencido de construir una alternativa, no vamos a tener ningún freno.
¿Qué impactos han tenido las sanciones? ¿Qué sectores han sido los más afectados?
Todavía no hay un registro ni dentro ni fuera de Venezuela de lo que ocurrió en ese periodo tan duro. Fue una guerra directa. Hubo también escasez de alimentos, de pañales, de leche de bebé, de anticonceptivos… Hubo comunidades que murieron por falta de medicamentos porque el imperialismo decidió bloquear los ingresos y recursos autónomos de un país soberano y libre como es Venezuela. A la pregunta de qué sectores fueron los más afectados, desde una lectura feminista te diré que fueron las mujeres. Nosotras somos la columna vertebral de la Revolución bolivariana, las que estamos haciendo un trabajo de base en cada una de las comunidades, las que nos preocupamos de que nuestros hijos, pero también los de la vecina, tengan una educación pública y gratuita, las que nos preocupamos de hacer un censo de cuántas familias se han quedado sin agua en sus casas, de cuántas están sin comer o viven en casas vulnerables. Estos censos, cuya labor asumimos las mujeres venezolanas, son fundamentales porque permiten que las políticas públicas lleguen a los territorios. La guerra económica se centró principalmente en asfixiar y vulnerar a la mujer.
Al inicio de la peregrinación que ha convocado hasta el 1 de mayo para exigir el fin de las sanciones estadounidenses, la presidenta afirmó que Venezuela «quiere algo distinto de sus líderes».
El modelo de democracia burguesa está en crisis a nivel mundial. No ha logrado dar respuestas a las necesidades de las grandes mayorías. La pregunta es cómo convertimos esa crisis en algo alternativo que realmente logre dar respuestas a las necesidades históricas del pueblo venezolano. Eso nuevo que se necesita en Venezuela lo tomamos desde lo comunal. Las comunas, como acción política democrática representan una forma de organización social basada en la participación directa y protagónica de las comunidades en la toma de decisiones y en la gestión de proyectos que afectan a su vida cotidiana. Chávez nos enseñó la disputa concreta de los recursos derivados del petróleo y de las riquezas que genera la nación. Las oligarquías y gobiernos de turno son las que se quedan para sí con esas riquezas. Maduro dijo: ‘Vamos a organizar en comunidad, a discutir los proyectos y a transferir recursos del Estado al Banco de la Comuna para que cada territorio resuelva sus problemas autónomamente’. Y eso ya es un modelo diferente, que se vuelve ‘más peligroso’, porque una cosa es la retórica y otra cuando te disputas lo económico en cuestiones concretas. Todo ese caldo de cultivo es el que hereda nuestra presidenta encargada para generar unas condiciones distintas. No hablamos de un pueblo sumiso, sino de territorios que se acostumbraron a disputar espacios políticos y modelos económicos.
El pasado fin de semana, María Corina Machado se reunió con la dirección del PP y en un acto en la Puerta del Sol se coreó «fuera la mona», en referencia a Delcy Rodríguez. ¿Cómo valora estos gritos?
Tienen que ver con esa oligarquía que quedó enclaustrada desde los tiempos de la colonia, que perdió sus privilegios, que tuvo que pasar por la abolición de la esclavitud y perder ese derecho divino que le otorgaba la santa Iglesia católica. Aunque parezca que ha pasado mucho tiempo, en realidad 200 años no son nada en la historia y todo eso que perdieron sigue muy latente en América Latina. Con Chávez hubo, por primera vez un Gobierno de izquierdas en Venezuela que habló de equidad de género, racismo, clasismo…
Además de ser mujer, Delcy no se ha casado ni tiene hijos, es morena con rasgos indígenas… y es la primera mujer en la historia de Venezuela con un cargo tan importante. Esto rompe la visión hegemónica y los estándares del patriarcado tradicional. Fue un ataque racista cargado de clasismo y de todos esos elementos de la burguesía blanca privilegiada. Incluso la gente que no es chavista ni de izquierdas sintió rechazo por esos gritos. Quien a estas alturas sienta algún tipo de rechazo hacia otro ser humano por su condición étnica, religiosa o el país donde ha nacido está desfasado y vive en un profundo anacronismo. Aunque no van a salir públicamente a pedir disculpas, ellos mismos se han dado cuenta de que se les fue de las manos.
Hugo Chávez impulsó la integración latinoamericana con la creación de organismos como ALBA, Petrocaribe, Unasur, Telesur… ¿Cómo ve esa integración a día de hoy?
Con los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Pepe Múgica en Uruguay y Manuel Zelaya en Honduras se generó un progresismo muy interesante. Fue un caldo de cultivo propicio para encontrarnos, por primera vez, como pueblos organizados. Hasta ese momento, no se había generado un bloque común como el ALBA, Petrocaribe o Unasur. Nadie en América Latina puede pensar que el conflicto con el imperio norteamericano, que cree que somos su patio trasero, es un problema solo de Venezuela, Cuba, México o Colombia. En Barcelona vimos una foto muy debilitada de los Gobiernos progresistas latinoamericanos si la comparamos con esa poderosa foto de líderes latinoamericanos que mencionaba al inicio de la pregunta. Nuestro reto es cómo seguir encontrándonos pese a no tener Gobiernos progresistas. Debemos seguir sosteniendo esas banderas de unidad que en algún momento nos fueron más fáciles de tejer. Las dificultades del momento actual no pueden suponer un retroceso, sino todo lo contrario. No esperamos que los grandes mandatarios de Estado salgan a condenar las acciones de EEUU. Lo que sí espero es que los pueblos en su memoria histórica comprendan, más allá de las redes sociales y del relato mediático, el momento tan duro que estamos viviendo. No fue que entraron, secuestraron a Nicolás Maduro y bombardearon Venezuela, sino que atacaron América Latina y se llevaron a un latinoamericano elegido por un pueblo que ejerció su derecho la voto. Fue una violación a nuestros derechos como latinoamericanos a decidir la soberanía de nuestros pueblos o los gobiernos de turno.
¿Qué impronta van a dejar en Latinoamérica Donald Trump y Marco Rubio?
A veces nos cuesta mucho ver a largo plazo la construcción de los modelos políticos. ¿Qué es una revolución? ¿Cómo se construye? Es complejo. Solo llevamos 28 años de construcción de un modelo distinto. No es una disputa a corto plazo. Yo misma igual me muero sin ver esas transformaciones. Es una pelea dura que conlleva el despertar no solo de Venezuela, sino de América Latina y el mundo entero. Trump y Rubio son los nombres de turno, pero detrás de ellos están todos los poderes y grandes corporaciones que son las que colocan la agenda de estos dos. El día de mañana no estarán, pero la agenda del imperialismo va a seguir siendo la misma. La lección que nos queda es que así como ellos tienen una claridad y una continuidad en sus objetivos, nosotros como proyecto distinto tenemos que tener una agenda común que responda a las necesidades de las mayorías para que el pueblo se pueda encontrar en esa alternativa.
¿Como representante del Gobierno, qué balance hace de los cien días de Delcy Rodríguez en la Presidencia?
Delcy es muy inteligente y brillante. Le ha tocado el momento político más duro; asumir la Presidencia, los diálogos con EEUU, sortear las consecuencias de la guerra económica y salir a la calle para evitar que se produzca un momento de caos y conmoción social. Y todo eso a sabiendas de que tal y como se llevaron a Nicolás Maduro, se la pueden llevar a ella. Está haciendo todo lo que puede para seguir dando continuidad al modelo económico y político y garantizar la gobernanza de sus 35 ministerios para que el pueblo sienta paz y tranquilidad, algo que es difícil después de un bombardeo. Es la primera vez que lo digo públicamente, pero el bombardeo afectó severamente a los niños y esto no sale en los medios. El Estado tuvo que organizar jornadas psicológicas en barrios y comunidades porque cada vez que escuchaban una moto u otro ruido extraño sentían que los estaban bombardeando. Es un episodio que ha marcado sus vidas. En pleno año 2026, es como si estuviéramos en la Edad Media; no se respeta que un mandatario sea elegido por voto popular. El secuestro de Maduro no tiene antecedentes más allá de lo que pasó en Haití. Lo que nos demuestran Cuba y Venezuela es que mientras el imperio más aprieta, el pueblo más se radicaliza.

